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Tag Archives: cultura virtual

“LA MUJER EN LA BAUHAUS”

Texto de la conferencia realizada por Noke Yuitza, en la sede de la exposición “BAUHAUS. ESCUELA DE CREATIVIDAD”

“Algunas de las piezas artísticas más valoradas del s.XX fueron creadas por mujeres, pero el éxito se lo llevaron ellos, los chicos de la Bauhaus, los héroes del movimiento que revolucionó la arquitectura, el arte y el diseño cotidiano en los años 20.

Momento en el que Noke Yuitza comienza su conferencia.

¿Quién no conoce a Gropius, Mies Van Der Rohe, Kandinsky, Klee o Breuer?

Sin embargo, apenas hemos oído hablar de las mujeres que ayudaron a apuntalar la fama de esta escuela: Marianne Brandt, Anni Albers, Lilly Reich o Gunta Stölzl.

¿Y por qué?  En los dorados años 20, tras  la Primera Guerra mundial, nada hacía preveer este arrinconamiento.

Imagen de uno de los momentos de la conferencia.

«Las mujeres nos han tomado la delantera. Han reformado su ropa, se han cortado el pelo…», confesaba el propio Le Corbusier y, en efecto, se habían liberado. Eran deportivas y progresistas, y eso se notaba en sus obras.  El movimiento era internacional, aunque no conozcamos sus nombres y queden ocultos tras la sombra de los hombres.

Es muy probable que en un aeropuerto o en una oficina chic nos hayamos sentado en una silla diseñada por la arquitecta Lilly Reich. Con su colega y amante Mies Van Der Rohe, creó la famosa silla Barcelona, que hoy es la estrella de las revistas de decoración y que se sigue produciendo con el mismo respaldo de cuero y las mismas patas de acero del original. La silla, el taburete y el sillón Barcelona tuvieron dos padres, pero sólo el nombre de uno de ellos quedó consignado en los anales de la historia, el de Mies.

El público atendiendo a las palabras de la conferenciante.

Lo mismo ocurrió con otro clásico, el diván Le Corbusier. Fue diseñado en 1928 por tres personas: Charlotte Perriand, Pierre Jeanneret y Le Corbusier. Ellos hicieron los bocetos, pero fue Perriand la que finalizó los diseños. Sin embargo, la silla ha quedado ligada al nombre de Le Corbusier. Y la lista sigue.

Hoy en día no obstante, se vuelven a producir muchos de los diseños de aquellas mujeres. Por ejemplo, Alessi ha reproducido la vajilla de bronce plateado de Marianne Brandt, que dirigía el taller de metal de la Bauhaus, mientras que en Ikea se puede comprar una imitación de la lámpara redonda de cristal y metal de la misma artista.

Instante en el que Noke Yuitza hace referencia a la artista de la BAUHAUS, Marianne Brant.

Anja Baumhoff, de la Universidad Warwickm, autora de The Gendered World of the Bauhaus, explica esta paradoja: «No todo respondía al deseo de ignorarlas. A muchas mujeres les daba miedo estar en primer plano. Además, ellas no solían quejarse. Una vez, Le Corbusier hizo unos garabatos en una casa diseñada por Eileen Gray, se fotografió delante de la casa y se la atribuyeron a él. Eileen rompió con él, pero no montó ningún escándalo».

Esto ayudó a tener una concepción machista de la escuela. Cuando la Bauhaus se fundó en Weimar en 1919, sus creadores comprobaron con horror que la mitad de los alumnos eran mujeres. Según Baumhoff, «su director, Walter Gropius, creía que las mujeres daban a la escuela una atmósfera de aficionados». Por ello, éste logró reducir el número de féminas en un tercio, dando más importancia al mundo del diseño y la fabricación que a la artesanía, más propia del sexo débil. Las mujeres eran cortésmente invitadas a los talleres de alfarería y tejido, lejos del masculino mundo del diseño industrial.

Pese a este apartheid de sexo, en la Bauhaus reinaba un buen ambiente puesto que se creía en el Arte como estilo de vida y se daba mucha importancia al trato entre profesores y alumnos. Por eso, las fiestas allí eran legendarias.

Marianne Brandt, que se quejaba de que «al principio no fue precisamente bien recibida» en el taller de metales, pronto fue bienvenida en las fiestas temáticas. A la fiesta blanca de 1926 llegó con un tutú estructuralista blanco y un sombrero hecho con preservativos inflados.

Christopher Wilk, comisario de la exposición “Las Mujeres de la Bauhaus” realizada en 2006 en Londres, hace hincapié en el afán de la Bauhaus de crear un mundo mejor. «El movimiento era tan espiritual como práctico. La arquitectura y el arte constituían la prueba de un mundo nuevo. Se creía que la abstracción de Kandinsky limpiaba el alma.». La Gran Guerra había terminado pocos años atrás y Gropius dijo que los hombres «han vuelto del campo de batalla transformados, sienten que las cosas no pueden seguir como antes».

Pero las mujeres también habían regresado de la batalla. En 1926, la jefa del taller de tejido de la Bauhaus era una maestra joven, Gunta Stölzl, ex enfermera de la Cruz Roja, y su taller –donde se manufacturaban coloridos textiles de formas geométricas– era el único que daba dinero. Algunos grupos de estudiantes la aclamaron como líder, demostrando que las mujeres podían ser útiles en la Bauhaus. Pero los textiles eran considerados simples subrogados de la arquitectura masculina.

Instante en el Noke Yuitza habla sobre la obra y trayectoria artística de Lilly Reich.

Tres años después, Stölzl se casó con un arquitecto palestino, con quien tuvo un hijo al que crió en su taller. Sin embargo, pocos años después, un grupo de estudiantes insatisfechos y apoyados por maestros simpatizantes de los nazis hicieron circular rumores escandalosos sobre su vida en la Bauhaus, comenzando una campaña en su contra, que culmino con su despido y el abandono de la escuela, y que la obligó a marcharse a Suiza.

Entonces, el taller de tejido se incorporó al departamento de diseño de interiores, que dirigía Lilly Reich, colega y amante de Mies Van Der Rohe.

Reich planificó muchas de las exposiciones que presentaron al público los ideales modernos. El mobiliario del famoso pabellón de Barcelona fue obra suya y de Mies, pero su estrella cayó cuando la pareja rompió. Mies siguió construyendo rascacielos en EE.UU., mientras que Reich se marchitó bajo el régimen nazi.

Sin embargo, la mayoría de mujeres que lograron sobresalir, como Anni Albers, pudieron hacerlo sólo después de abandonar la  Bauhaus. Albers se marchó de Alemania en 1933 con destino a los Estados Unidos con su marido, el pintor Josef Albers, a fin de impartir clases en el nuevo  Black Mountain College, en Carolina del Norte, y realizar tejidos para empresas que impulsaban el diseño como Knoll y Rosenthal.

Momento, durante la conferencia, dedicado a la diseñadora Alma Siedhoff-Buscher.

Por desgracia, muchas otras mujeres de la Bauhaus desaparecieron simplemente sin dejar huella, como la diseñadora de juguetes Alma Siedhoff-Buscher, que murió en un bombardeo en 1944, y Otti Berger, a la que le fue imposible conseguir visado para los EE.UU. en el curso de un viaje para ver a su madre en Yugoslavia en 1939, pese a contar con una oferta de de trabajo de la New Bauhaus en Chicago. En el año 2005, gracias a la información disponible en archivos soviéticos, se supo que Berger, judía, había muerto en Auschwitz en 1944.

Comenta el crítico Jonathan Glancey en  el diario británico The Guardian que “aunque en buena medida las mujeres de la escuela no se hayan visto reconocidas, perdura su legado. Al igual que la arquitectura de la Bauhaus se convierte en una visión lejana del futuro, los materiales de la Bauhaus siguen siendo tan útiles, táctiles y especiales como eran cuando estas mujeres se propusieron igualar a sus pares masculinos”

Gunta Stölzl, dijo: “Queríamos crear cosas vivas con relevancia contemporánea, adecuadas a un nuevo estilo de vida. Ante nosotras se presentaba un enorme potencial de experimentación. Era esencial definir nuestro mundo imaginario, dar forma a nuestras experiencias mediante el material, el ritmo, la proporción, el color y la forma”. Y pese a todos los obstáculos, lo consiguieron.”

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