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TERTULIA LITERARIA

“LA POESIA DE ROSA CHACEL”

(27 de octubre de 2013)

Cartel de la tertulia literaria "La Poesía de Rosa Chacel".

Cartel de la tertulia literaria “La Poesía de Rosa Chacel”.

TEXTO DE LA PRESENTACION

Ensayista, novelista y poetisa, Rosa Chacel está considerada uno de los pilares de la literatura española y, muy posiblemente, de la literatura universal.

Nacida el 3 de junio de 1898 en Valladolid, un determinante en su vida es una frágil salud y el viaje que efectúa, con apenas 10 años, a Madrid para vivir con su abuela materna en un barrio que marca la vida literaria de la novelista: el barrio de Maravillas, que tiempo después glosará en su obra homónima “Barrio de Maravillas” y por la que recibe el Premio de la Crítica.

APOLO

Habitante de los anchos portales
donde el laurel de la sombra oculta el arpa de la araña,
donde las losas académicas,
donde las arcas y las llaves mudas,
donde el papel caído
recubre el polvo de frágil terciopelo.

¡El silencio dictado por tu mano,
la línea entre tus labios sostenida,
tu suprema nariz exhalando un aliento
como brisa en las praderas,
por gemelas vertientes recorriendo los valles de tu pecho,
y en torno a tus tobillos un espacio
pálido como el alba!

¡Eterna, eternamente un universo a imagen tuya!
Con la frente a la altura de tu plinto,
viniendo de aritméticas vacías como claustros,
de cielos oprimidos como flor entre páginas,
¡eternamente! dije, y desde entonces,
¡eternamente! digo.

Beso a mi voz, que expresa tu mandato,
la suelto y voy hacia ti, como paloma
obediente en su vuelo,
libre en la jaula de tu ley.

El trazo de tu norma, en el basalto
de mi inocencia oscura,
el paso de tu flecha ¡para siempre!
Y hasta el fin tu soberbia.
Sobre mí, solo eterno
tu mandato de luz, Verdad y Forma.

 

Una travesía nocturna que se aprecia, ya entonces, como el desencadenante de sueños y fantasías, visiones y revelaciones, de contenidos irreales y de experiencias nuevas que afianzan sus gustos estéticos y que la futura novelista encara con un “silencio alerta”.

Todo pasaba allí (…). tenía la dimensión de un esquema cultural, un proyecto o, más bien, de un semillero de vida literaria. Era algo que se desarrollaba en sí mismo, encerrado en su ley (…). Estaba allí la cultura viviente, la que palpitaba en el mundo y lanzaba su polen.”

NARCISO

¿Dónde habitas, amor, en qué profundo
seno existes del agua o de mi alma?
Lejos, en tu sin fondo abismo verde,
a mi llamada pronto e infalible.

Nuestras frentes unánimes separa
frío, cruel cristal inexorable.

Zarzas de tus cabellos y los míos
tienden, en vano, a unir lindes fronteras.

Sobre el mío y tu cuello mantenido
un templo de distancia en dos columnas
silencio eterno guarda entre sus muros;
nuestro mutuo secreto, nuestro diálogo.

Silencio en que te adoro, en que te encierras,
recinto de silencio inaccesibles
y lugar a la vez de nuestras citas.

¡Siglos espero frente a la cruenta
muralla dura que lamento inerme!

Eternidades entre nuestras bocas
a cien brisas y a cien vuelos de pájaros.

¿Para qué pies que hollaban la pradera
jóvenes, blancos corzos corredores
si no me llevan hacia ti ni un punto?

¿Para qué brazos tallos de mis manos
si jamás alcanzarán a estrecharte?

¡Límpida, clara linfa temblorosa
jamás en nuestro abrazo aprisionada!

¿Para qué vida, en fin, si vida acaba
en el umbral de la mansión oscura

donde moras sin hálito, en el vidrio
que con mi aliento ni a empañar alcanzo?

¡Oh, sueño sin ensueño, muerte quieta
lecho para mi anhelo, eterno insomne!

Único al fin reposo de mis ojos
tu infinito vacío negro espejo!

Todo ello adobado con un desmesurado interés por cuanto acontecía a su alrededor, por un afán de conocer que la indujeron a un rebeldía intelectual hacia la educación convencional y academicista que en aquella época definía la educación reservada a las mujeres: clases de canto, música y costura.

REINA ARTEMISA

Sentada, como el mundo, sobre tu propio peso,
por tu falda extendida la paz de las laderas,
el silencio y la sombra de las grutas marinas
junto a tus pies dormidos.
¿A qué profunda alcoba dan paso tus pestañas
al alzarse pesadas como cortinas, lentas
como mantos nupciales o paños funerarios…
a qué estancia perenne escondida del tiempo?
¿A dónde va el camino que tus labios descubren,
a qué sima carnal desciende tu garganta,
qué lecho sempiterno da comienzo en tu boca?

El vino de cenizas su acerbo alcohol exhala
mientras la copa orea, con su pausa, el aliento.
Dos vapores elevan sus secretas fragancias,
se contemplan y miden antes de confundirse.
Porque el amor anhela su sepulcro en la carne;
quiere dormir su muerte al calor, sin olvido,
al arrullo tenaz que la sangre murmura
mientras la eternidad late en la vida, insomne.

Así, pues, fue su madre, maestra con cualidades artísticas, quien se ocupa de su educación y le inculca una inclinación permanente hacia lo autodidáctico.

ANTINOO

Tu nariz pensativa sostiene la balanza de tus hombros,
tan breve el balanceo quedaron en el fiel diestra y siniestra.
Dentro está el péndulo
dispuesto a señalar con su parada el perfecto equilibrio,
dispuesto a detenerse en el instante
en que comienza lo que no termina.

Tu nariz pensativa, meditativa y contempladora
de ti mismo,
de su último aliento se despide.
¡En él tu juventud, épico aroma!

Chacel aceptó, sin embargo, ser matriculada, con apenas 12 años, en la Escuela de Artes y Oficios en donde conoce a Fernanda Francés, conocida pintora, con la que aprende dibujo y a la que sigue cuando ésta se traslada a la Escuela del Hogar y Profesional de la Mujer”.

 

EN UN CORSE DE CALIDAS ENTRAÑAS…


En un corsé de cálidas entrañas
duerme una estrella, pasionaria o rosa,
y allí la casta Ester, la misteriosa
Cleopatra y otras cien reinas extrañas

con fieros gestos e indecibles mañas
anidan entre hiedra rumorosa.
Allí hierve el rubí que no reposa,
pulsan sus arpas mélicas arañas.

Allí en el cáliz de la noche umbría
sus perlas vierte el ruiseñor oscuro.
Allí sestea el fiel león del día.

En su escondido sésamo seguro
custodia el grifo de la fantasía
de hirviente manantial el fuego puro.

(A Paz González)

Con 17 años, (1915), Rosa Chacel ingresa en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, para realizar estudios de escultura, y la abandona tres años más tarde pero permitiéndole su paso por ella la oportunidad de contactar con uno de los máximos referentes intelectuales del momento, Ramón M. del Valle Inclán.

A partir de entonces, comienza a frecuentar los círculos intelectuales, locales y cafés convertidos en punto de encuentro de debate y discusión: la “Granja de Henar”, la “Botillería de Pombo” y el “Ateneo”, en donde realiza su primera conferencia, “La mujer y sus posibilidades”, que levanta una gran polémica.

TU, DE LAS GRIETAS DUEÑA Y MORADORA                                                              

Tú, de las grietas dueña y moradora,
émula de la víbora argentina.
Tú, que el imperio esquivas de la endrina
y huyes del orto en la bisiesta hora.

Tú, que, cual la dorada tejedora
que en oscuro rincón torva rechina,
la vid no nutres, que al crisol declina
y sí, su sangre exprimes, sorbedora.

Vas, sin mancharte, entre la turba impura
hacia el lugar donde con noble traza,
la paloma amamanta a sus hijuelos.

Yo, en tanto, mientras la sangrienta, oscura
trepadora mis muros amenaza,
piso el fantasma que arde en mis desvelos.

(A Concha Albornoz)

Las influencias derivadas de este contacto con intelectuales, sus lecturas y sus propias vivencias personales, inducen a la literata a unirse al “Ultraísmo”, movimiento literario triunfante en esos momentos y que se opone al modernismo que define la poesía española desde finales del siglo XIX.

De mencionar es, también, el influjo que sobre la obra de Rosa Chacel tuvieron, asimismo, dos figuras del alcance de Miguel de Unamuno, al que la autora califica de “maestro de ser y sentir” y del que asume su creación de imágenes y metáforas literarias, y Jose Ortega y Gasset de quien afirma que “impuso su disciplina y todos -o casi todos- quedamos convencidos” y de quien se impregna de sus ideas que definirán su estética.

LA CULPA

La culpa se levanta al caer de la tarde,
la oscuridad la alumbra,
el ocaso es su aurora…

Se empieza a oír la sombra desde lejos
cuando el cielo está limpio aún sobre los árboles
como una pampa verdeazul, intacta,
y el silencio recorre
los quietos laberintos de arrayanes.

Llegará el sueño: alerta está el insomnio.
Antes que caiga la cortina oscura,
gritad al menos, hombres,
como el pavón metálico que grazna su lamento
desgarrado en la rama de la araucaria.
Gritad con voces múltiples,
piad entre la enredadera,
entre las hiedras y rosales trepadores.

Buscad refugio en las glicinas
con los gorriones y zorzales
porque avanza la onda de la noche
y su ausencia de luz,
y su implacable huésped
de suaves pasos, el peligro…

En 1921, contrae matrimonio con Timoteo Pérez Rubio, pintor, a quien se le concede una plaza en la Escuela de Arte de Roma, ciudad a la que se desplaza el matrimonio; es una época en la que Chacel se adentra en el mundo de Joyce y en el de Freud.

Entonces apareció aquello llamado literatura. Y literatura es… crear una realidad, jugar con una realidad, componer una realidad. Una realidad de pensamiento, de imagen, de sensación… de todo.: el mundo Joyce. Desde luego, yo conocía otras literaturas, pero en la de Joyce me quedé.”

Por otro lado, la influencia del mundo freudiano y del psicoanálisis, que en aquellos años subyacía en la sociedad, se pone de manifiesto en el ensayo chaceliano, editado en 1972, “Saturnal”.

YO ME ENCONTRE EL OLICO Y EL ACANTO…

Yo me encontré el olivo y el acanto
que sin saber plantaste, hallé dormidas
las piedras de tu frente desprendidas,
y el de tu búho fiel, solemne canto.

El rebaño inmortal, paciendo al canto
de tus albas y siestas transcurridas,
las cuadrigas frenéticas, partidas
de tus horas amargas con quebranto.

La roja musa airada y violenta,
la serena deidad épica y pura
que donde tú soñabas hoy se asienta.

De estas piezas compongo tu escultura.
Nuestra amistad mis mismos años cuenta:
de ti hablaban mi cielo y mi llanura.

(A Nikos Kazanzaki )

De su etapa europea, (1922-1927), la escritora de gesta y da a luz su primera novela, “Estación. Ida y vuelta”, en la que asoma el influjo de Proust y una poetización de la prosa. Sin embargo, es a su regreso a Madrid cuando retoma el contacto con viejas amistades, los intelectuales, las tertulias y los debates literarios y, sobre todo, cuando aparecen en publicaciones, (“Revista de Occidente”, Gaceta Literaria”, “Caballo Verde para la poesía”…), sus poemas y relatos.

UNA MUSICA OSCURA, TEMBLOROSA…

Una música oscura, temblorosa,
cruzada de relámpagos y trinos,
de maléficos hálitos, divinos,
del negro lirio y de la ebúrnea rosa.

Una página helada, que no osa
copiar la faz de inconciliables sinos.
Un nudo de silencios vespertinos
y una duda en su órbita espinosa.

Sé que se llamó amor. No he olvidado,
tampoco, que seráficas legiones,
hacen pasar las hojas de la historia.

Teje tu tela en el laurel dorado,
mientras oyes zumbar los corazones,
y bebe el néctar fiel de tu memoria.

(A María Zambrano)                                                              

Es esta una época fructífera y de reconocimientos, dentro de la esfera intelectual, para la literata: su presencia es aceptada en esos círculos, su valía personal y literaria se apuntala por derecho propio, se atreve a manifestar, públicamente, sus desacuerdos y disensiones con sus colegas, especialmente, en temas sobre la mujer.

EN EL INFIERNO HABIA UN VIOLONCELLO…

En el infierno había un violoncello
entre el café y el humo de pitillos
y cien aulas con libros amarillos
y nieve y sangre y barro por el suelo.

Pero tú, resguardada por el velo
de tus cristales de lucientes brillos,
pasabas, seria y pura, en los sencillos
compases de tu fe y de tu consuelo.

Algunas veces fuimos, de la mano,
por las venas del bosque y la corneja
cantó melancolía en nuestras almas,

si nos separa el Abrego inhumano,
no llores mi amistad hoy que se aleja,
entrega al viento el talle de tus palmas.

(A Musia Sackhaina)

Con el nacimiento de la II República, Chacel aunque de espíritu social y moral crítico, se mantiene al margen de los diferentes movimientos sociales y políticos que van apareciendo. Sin embargo, en 1936, tras la publicación de su libro de sonetos “A la orilla de un pozo”, firma el “Manifiesto Fundacional de la Alianza de Intelectuales Antifascistas” y se adhiere a la causa republicana como enfermera en un hospital.

En 1937, se instala con su hijo en París y dos años más tarde se les une su marido, Timoteo Pérez Rubio, tras realizar el encargo del Gobierno de la República de poner a salvo el patrimonio artístico nacional.

  A RAFAEL ALBERTI

Cuando la mar esté bajo tu almohada

¡Alegría de turbas infantiles!

¡Triunfos de los egregios, varoniles

pámpanos que estremece la alborada!

Frutos dará la náyade dorada

que llamea en los ínclitos candiles

y en sus perlas de amor claros abriles

¡Qué ventura te aguarda en el impacto

si alcanzar logras la divina orquesta!

 Tu frente surtirá con el contacto

De la escondida nuez templada y presta

que a trompa airada vibrará en el acto.

¡La vida es gracia y reír no cuesta!

 Tras París, y siguiendo la estela de muchos intelectuales, la familia se dirige a Sudamérica, afianzando sus vidas en Río de Janeiro y Buenos Aires hasta que, becada por la Fundación Guggenheim, se instala en Nueva York en donde frecuenta los circuitos intelectuales hispanos.

Son años, décadas, de silencio literario para la autora pero durante los que nunca renuncia, totalmente, a la literatura; una actividad que focaliza hacia las colaboraciones con diferentes editoriales y revistas y desempeñando la tarea de traductora.

A PABLO NERUDA

Yo veo a tu dragón, llorando ciego,

con el hambre clavada entre las cejas,

lamer la sombra, cuando tú te alejas

y queda yerto el polvo y tu fuego.

Zozobrar en el rojo, ingente riego

de fluviales hespérides complejas,

limpiar su pelo de memorias viejas

y sonreír, agonizando luego.

Si la piedad su tierna flor incuba

para ti, entre blasfemias y escorpiones,

el placer del martirio es tu camino.

Cuando a tu frente el sacro aliento suba,

cautiva el canon, luz de sus lecciones,

y plántalo en el centro de tu sino.

En 1961, gracias a la tranquilidad económica que le aporta la beca Guggenheim, viaja a España y realiza varios viajes por el resto de Europa, retornando a Brasil en 1963.

Siete años más tarde, (1970), retorna de nuevo a España en donde comienza su nacimiento literario, tras pasar su actividad literaria casi desapercibida hasta entonces. Su obras se reeditan o publican por primera vez, se le hacen entrevistas, los medios de comunicación, escritos y orales, fijan en ella su atención y publican sus trabajos o escriben y hablan sobre ellos.

Seducida por la Fundación March quien le concede una beca para finalizar “Barrio de Maravillas”, compagina su vida en Madrid con sus viajes a Río de Janeiro; hasta que en 1977, tras el fallecimiento de su marido, fija su residencia en Madrid en donde desarrolla una gran actividad literaria e intelectual y su presencia es requerida en infinidad de eventos culturales.

LOS MARINEROS

Ellos son los que viven sin nacer a la tierra:
no les sigáis con vuestros ojos,
vuestra mirada dura, nutrida de firmezas,
cae a sus pies como impotente llanto.

Ellos son los que viven en el líquido olvido,
oyendo sólo el corazón materno que les mece,
el pulso de la calma o la borrasca
como el misterio o canto de un ámbito entrañable.

(A Luis y Stanley)

Homenajes, reconocimientos y premios de gran prestigio certifican la intensidad y calidad de la vida intelectual y literaria de aquella niña de Valladolid que, en 1908, inicia un viaje nocturno hacia el mundo de lo desconocido e incierto de una gran capital; un viaje con el que Rosa Chacel regaló a la literatura una de las más significativas y brillantes figuras de las letras hispanas.

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