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MUSEO KARURA ART CENTRE

(MKAC)

Cartel de la tertulia literaria sobre Sor Juana Inés de la Cruz.

Cartel de la tertulia literaria sobre Sor Juana Inés de la Cruz.

TERTULIA LITERARIA

“SOR JUANA INES DE LA CRUZ”

(7 de junio de 2012)

Conocida como Sor Juana Inés de la Cruz, Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana nace en México, en el año 1651, y fallece en México D.C., en el año 1695.

En contra de la costumbre de su época, en la que las mujeres estaban relegadas a las faenas domésticas y para lo cual no era imprescindible conocer las artes de la lectura y de la escritura,  Son Juana Inés aprendió estas dos disciplinas desde muy temprana edad y formó parte de la corte de Antonio de Toledo y Salazar, teniendo como mecenas a los marqueses de la Laguna y, muy especialmente, a la marquesa, Luisa Manrique de Lara.

DETENTE SOMBRA

Detente, sombra de mi bien esquivo,

imagen del hechizo que más quiero,

bella ilusión por quien alegre muero,

dulce ficción por quien penosa vivo.

Si al imán de tus gracias, atractivo,

sirve mi pecho de obediente acero,

¿para qué me enamoras lisonjero

si has de burlarme luego fugitivo?

Mas blasonar no puedes, satisfecho,

de que triunfa de mí tu tiranía:

que aunque dejas burlado el lazo estrecho

También, en contra de lo esperado de quienes adoptan la decisión de dedicar su vida a servir a Dios, esta mujer decidió hacerse religiosa para poder dedicarse, por completo,  a la literatura; lo que no quiere decir que no sintiera, a la vez, la llamada del Altísimo.

ESTE AMOROSO TORMENTO

Este amoroso tormento

que en mi corazón se ve,

se que lo siento y no se

la causa porque lo siento

Siento una grave agonía

por lograr un devaneo,

que empieza como deseo

y para en melancolía.

y cuando con mas terneza

mi infeliz estado lloro

se que estoy triste e ignoro

la causa de mi tristeza.

Siento un anhelo tirano

por la ocasión a que aspiro,

y cuando cerca la miro

yo misma aparto la mano.

Porque si acaso se ofrece,

después de tanto desvelo

la desazona el recelo

o el susto la desvanece.

Y si alguna vez sin susto

consigo tal posesión

(cualquiera) leve ocasión

me malogra todo el gusto.

Siento mal del mismo bien

con receloso temor

y me obliga el mismo amor

tal vez a mostrar desdén.

Desde el punto de vista literario, Sor Juana Inés de la Cruz está considerada como una figura literaria de gran relieve en el mundo de la letras hispanoamericanas del siglo XVII, a nivel social, se la considera una adelantada de las consignas del movimiento feminista, tanto por su vida personal como por su importancia en el ámbito de la literatura y cultural y por su carácter y personalidad.

Su singular existencia se inicia ya de forma singular al no estar sus padres casados y por separarse su madre de su progenitor, al poco de nacer ella, y unirse a Diego Ruiz Lozano con el que tuvo otros tres hijos.

Ser hija ilegitima marcó la infancia de la futura monja, hecho que queda confirmado por su el interés en ocultar dicha circunstancia.

A continuación, algunos versos del poema “Finjamos que soy feliz“.

FINJAMOS QUE SOY FELIZ

Finjamos que soy feliz,

triste pensamiento, un rato;

quizá prodréis persuadirme,

aunque yo sé lo contrario,

que pues sólo en la aprehensión

dicen que estriban los daños,

si os imagináis dichoso

no seréis tan desdichado.

Sírvame el entendimiento

alguna vez de descanso,

y no siempre esté el ingenio

con el provecho encontrado.

Todo el mundo es opiniones

de pareceres tan varios,

que lo que el uno que es negro

el otro prueba que es blanco.

A unos sirve de atractivo

lo que otro concibe enfado;

y lo que éste por alivio,

aquél tiene por trabajo.

El que está triste, censura

al alegre de liviano;

y el que esta alegre se burla

de ver al triste penando.

Tras esa separación familiar, la niña vive en la finca de su abuelo en la que aprender a leer y a escribir, a escondidas de su madre, y descubre la interesante biblioteca que poseía su abuelo.

Fue allí en donde se aficionó a la lectura y comenzó a leer a los clásicos romanos y griegos e intentando convencer a su madre para que la dejase ir a la Universidad vestida de hombre.

VERDE EMBELESO

Verde embeleso de la vida humana,

loca esperanza, frenesí dorado,

sueño de los despiertos intrincado,

como de sueños, de tesoros vana;

alma del mundo, senectud lozana,

decrépito verdor imaginado;

el hoy de los dichosos esperado,

y de los desdichados el mañana:

sigan tu sombra en busca de tu día

los que, con verdes vidrios por anteojos,

todo lo ven pintado a su deseo;

que yo, más cuerda en la fortuna mía,

tengo en entrambas manos ambos ojos

y solamente lo que toco veo.

Llegada la adolescencia, 1665 aproximadamente, se va a vivir a la corte del virrey Antonio Sebastián de Toledo en la que pronto destaca por su extensa cultura pero, asimismo, por su inteligencia, astucia y agudeza mental.

Un año más tarde, 1666, decide que no quiere casarse ni formar una familia y opta por ordenarse religiosa. En un primer momento, elige la Congregación de las Carmelitas pero al no poder adoptar las rígidas normas de esta congregación, lo que le acarrea una enfermedad, ingresa en la Orden de los Jerónimos, en la que permanece toda su vida, cuya disciplina es más relajada y se le permite tener una celda de dos pisos y sirvientas.

ESTA TARDE MI BIEN

Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,

como en tu rostro y tus acciones vía

que con palabras no te persuadía,

que el corazón me vieses deseaba;

y Amor, que mis intentos ayudaba,

venció lo que imposible parecía:

pues entre el llanto, que el dolor vertía,

el corazón deshecho destilaba.

Baste ya de rigores, mi bien, baste:

no te atormenten más celos tiranos,

ni el vil recelo tu inquietud contraste

con sombras necias, con indicios vanos,

pues ya en líquido humor viste y tocaste

mi corazón deshecho entre tus manos.

La vida en el convento no fue un handicap para Sor Juana Inés ya que le estaba permitido escribir, realizar tertulias, estudiar y recibir visitas; aprovechando la monja estos privilegios para continuar con su actividad literaria.

Tal fue esta que su confesor, el jesuita Antonio Núñez de Miranda, le instó a dedicarse más a los rezos y a olvidarse de los avatares de la vida mundana.

PUES ESTOY CONDENADA

Pues estoy condenada,

Fabio, a la muerte, por decreto tuyo,

y la sentencia airada

ni la apelo, resisto ni la huyo,

óyeme, que no hay reo tan culpado

a quien el confesar le sea negado.

Porque te han informado,

dices, de que mi pecho te ha ofendido,

me has, fiero, condenado.

¿Y pueden, en tu pecho endurecido

más la noticia incierta, que no es ciencia,

que de tantas verdades la experiencia?

Si a otros crédito has dado,

Fabio, ¿por qué a tus ojos se lo niegas,

y el sentido trocado

de la ley, al cordel mi cuello entregas,

pues liberal me amplías los rigores

y avaro me restringes los favores?

Si a otros ojos he visto,

mátenme, Fabio, tus airados ojos;

si a otro cariño asisto,

asístanme implacables tus enojos;

y si otro amor del tuyo me divierte,

tú, que has sido mi vida, me des muerte.

Si a otro, alegre, he mirado,

nunca alegre me mires ni te vea;

si le hablé con agrado,

eterno desagrado en ti posea;

y si otro amor inquieta mi sentido,

sáqueseme el alma tú, que mi alma has sido.

Mas, supuesto que muero,

sin resistir a mi infeliz suerte,

que me des sólo quiero

Lejos de atender los requerimientos de su confesor, en 1690-1691, se ve involucrada en una riña teológica por consecuencia de haber realizado una crítica privada sobre un sermón del influyente predicador jesuita Antonio Vieira.

Como respuesta, éste escribió “Carta Atenagórica” que firmó con el seudónimo de Sor Filotea a la que Sor Juana contestó con otro escrito titulado “Respuesta a Sor Filotea de la Cruz”.

La mención de este hecho, aparentemente baladí, se menciona aquí para dejar constancia de la personalidad de la sierva de Dios y de su fuerte carácter.

ESTOS VERSOS LECTOR MÍO

Estos versos, lector mío,

que a tu deleite consagro,

y sólo tienen de buenos

conocer yo que son malos,

ni disputártelos quiero,

ni quiero recomendarlos,

porque eso fuera querer

hacer de ellos mucho caso.

No agradecido te busco:

pues no debes, bien mirado,

estimar lo que yo nunca

juzgué que fuera a tus manos.

En tu libertad te pongo,

si quisieres censurarlos;

pues de que, al cabo, te estás

en ella, estoy muy al cabo.

No hay cosa más libre que

el entendimiento humano;

pues lo que Dios no violenta,

por qué yo he de violentarlo?

Di cuanto quisieres de ellos,

que, cuanto más inhumano

me los mordieres, entonces

me quedas más obligado,

pues le debes a mi musa

el más sazonado plato

(que es el murmurar), según

un adagio cortesano.

Y siempre te sirvo, pues,

o te agrado, o no te agrado:

si te agrado, te diviertes;

murmuras, si no te cuadro.

Bien pudiera yo decirte

por disculpa, que no ha dado

lugar para corregirlos

la priesa de los traslados;

que van de diversas letras,

y que algunos, de muchachos,

matan de suerte el sentido

que es cadáver el vocablo;

y que, cuando los he hecho,

ha sido en el corto espacio

que ferian al ocio las

precisiones de mi estado;

que tengo poca salud

y continuos embarazos,

tales, que aun diciendo esto,

llevo la pluma trotando.

Pero todo eso no sirve,

pues pensarás que me jacto

de que quizá fueran buenos

a haberlos hecho despacio;

y no quiero que tal creas,

sino sólo que es el darlos

a la luz, tan sólo por

obedecer un mandato.

Esto es, si gustas creerlo,

que sobre eso no me mato,

pues al cabo harás lo que

se te pusiere en los cascos.

Y adiós, que esto no es más de

darte la muestra del paño:

si no te agrada la pieza,

no desenvuelvas el fardo.

1693 es una fecha crucial en la vida de la poetisa ya que, en contra de los previsto y de forma casi repentina, deja de escribir y se centra en cuestiones, meramente, religiosas llegando, incluso a adoptar un estilo de vida de entrega mística a Jesucristo.

Es esta una circunstancia de la que se desconoce, aún hoy día, el motivo o causa que la provocó. Unos estudiosos de su vida sugieren que fue una decisión tomada por propia voluntad y otros, por el contrario, afirman que es el producto de la misoginia de la época y de las presiones de las autoridades clericales.

COGIÓME SIN PREVENCIÓN

Cogióme sin prevención

Amor, astuto y tirano:

con capa de cortesano

se me entró en el corazón.

Descuidada la razón

y sin armas los sentidos,

dieron puerta inadvertidos;

y él, por lograr sus enojos,

mientras suspendió los ojos

me salteó los oídos.

Disfrazado entró y mañoso;

mas ya que dentro se vio

del Paladión, salió

de aquel disfraz engañoso;

y, con ánimo furioso,

tomando las armas luego,

se descubrió astuto Griego

que, iras brotando y furores,

matando los defensores,

puso a toda el Alma fuego.

Y buscando sus violencias

en ella al príamo fuerte,

dio al Entendimiento muerte,

que era Rey de las potencias;

y sin hacer diferencias

de real o plebeya grey,

haciendo general ley

murieron a sus puñales

los discursos racionales

porque eran hijos del Rey.

A Casandra su fiereza

buscó, y con modos tiranos,

ató a la Razón las manos,

que era del Alma princesa.

En prisiones su belleza

de soldados atrevidos,

lamenta los no creídos

desastres que adivinó,

pues por más voces que dio

no la oyeron los sentidos.

Todo el palacio abrasado

se ve, todo destruido;

Deifobo allí mal herido,

aquí Paris maltratado.

Prende también su cuidado

la modestia en Polixena;

y en medio de tanta pena,

tanta muerte y confusión,

a la ilícita afición

sólo reserva en Elena.

Ya la Ciudad, que vecina

fue al Cielo, con tanto arder,

sólo guarda de su ser

vestigios, en su ruina.

Todo el amor lo extermina;

y con ardiente furor,

sólo se oye, entre el rumor

con que su crueldad apoya:

“Aquí yace un Alma Troya

¡Victoria por el Amor!”

El 17 de febrero de 1695, Sor Juana Inés de la Cruz fallece, a consecuencia de una epidemia de tifus, dejando un legado literario de 180 volúmenes de obras selectas.

YA QUE PARA DESPEDIRME

Ya que para despedirme,

dulce idolatrado dueño,

ni me da licencia el llanto

ni me da lugar el tiempo,

háblente los tristes rasgos,

entre lastimosos ecos,

de mi triste pluma, nunca

con más justa causa negros.

Y aun ésta te hablará torpe

con las lágrimas que vierto,

porque va borrando el agua

lo que va dictando el fuego.

Hablar me impiden mis ojos;

y es que se anticipan ellos,

viendo lo que he de decirte,

a decírtelo primero.

Oye la elocuencia muda

que hay en mi dolor, sirviendo

los suspiros, de palabras,

las lágrimas, de conceptos.

Mira la fiera borrasca

que pasa en el mar del pecho,

donde zozobran, turbados,

mis confusos pensamientos.

Mira cómo ya el vivir

me sirve de afán grosero;

que se avergüenza la vida

de durarme tanto tiempo.

Mira la muerte, que esquiva

huye porque la deseo;

que aun la muerte, si es buscada,

se quiere subir de precio.

Mira cómo el cuerpo amante,

rendido a tanto tormento,

siendo en lo demás cadáver,

sólo en el sentir es cuerpo.

Mira cómo el alma misma

aun teme, en su ser exento,

que quiera el dolor violar

la inmunidad de lo eterno.

En lágrimas y suspiros

alma y corazón a un tiempo,

aquél se convierte en agua,

y ésta se resuelve en viento.

Ya no me sirve de vida

esta vida que poseo,

sino de condición sola

necesaria al sentimiento.

Mas, por qué gasto razones

en contar mi pena y dejo

de decir lo que es preciso,

por decir lo que estás viendo?

En fin, te vas, ay de mi!

Dudosamente lo pienso:

pues si es verdad, no estoy viva,

y si viva, no lo creo.

Posible es que ha de haber día

tan infausto, funesto,

en que sin ver yo las tuyas

esparza sus luces Febo?

Posible es que ha de llegar

el rigor a tan severo,

que no ha de darle tu vista

a mis pesares aliento?

Ay, mi bien, ay prenda mía,

dulce fin de mis deseos!

Por qué me llevas el alma,

dejándome el sentimiento?

Mira que es contradicción

que no cabe en un sujeto,

tanta muerte en una vida,

tanto dolor en un muerto.

Mas ya que es preciso, ay triste!,

en mi infeliz suceso,

ni vivir con la esperanza,

ni morir con el tormento,

dame algún consuelo tú

en el dolor que padezco;

y quien en el suyo muere,

viva siquiera en tu pecho.

No te olvides que te adoro,

y sírvante de recuerdo

las finezas que me debes,

si no las prendas que tengo.

Acuérdate que mi amor,

haciendo gala de riesgo,

sólo por atropellarlo

se alegraba de tenerlo.

Y si mi amor no es bastante,

el tuyo mismo te acuerdo,

que no es poco empeño haber

empezado ya en empeño.

Acuérdate, señor mío,

de tus nobles juramentos;

y lo que juró la boca

no lo desmientan tus hechos.

Y perdona si en temer

mi agravio, mi bien, te ofendo,

que no es dolor, el dolor

que se contiene atento.

Y adiós; que con el ahogo

que me embarga los alientos,

ni sé ya lo que te digo

ni lo que te escribo leo.

En su producción literaria destacan dos de sus poemas.

Uno de ellos es el titulado “Redondillas”, más conocido como “Hombres necios” y en el que, de forma indirecta y sutil, achaca a los hombres su inconsistencia e irresponsabilidad al acusar a las mujeres de los males que ellos provocan.

REDONDILLAS

Hombres necios que acusáis

a la mujer, sin razón,

sin ver que sois la ocasión

de lo mismo que culpáis;

si con ansia sin igual

solicitáis su desdén,

por qué queréis que obren bien

si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia

y luego, con gravedad,

decís que fue liviandad

lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo

de vuestro parecer loco,

al niño que pone el coco

y luego le tiene miedo.

Queréis, con presunción necia,

hallar a la que buscáis

para prentendida, Thais,

y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro

que el que, falto de consejo,

él mismo empaña el espejo

y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén

tenéis condición igual,

quejándoos, si os tratan mal,

burlándoos, si os quieren bien.

Opinión, ninguna gana,

pues la que más se recata,

si no os admite, es ingrata,

y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis

que, con desigual nivel,

a una culpáis por cruel

y a otra por fácil culpáis.

¿Pues como ha de estar templada

la que vuestro amor pretende?,

¿si la que es ingrata ofende,

y la que es fácil enfada?

Mas, entre el enfado y la pena

que vuestro gusto refiere,

bien haya la que no os quiere

y quejaos en hora buena.

Dan vuestras amantes penas

a sus libertades alas,

y después de hacerlas malas

las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido

en una pasión errada:

la que cae de rogada,

o el que ruega de caído?

¿O cuál es de más culpar,

aunque cualquiera mal haga;

la que peca por la paga

o el que paga por pecar?

¿Pues, para qué os espantáis

de la culpa que tenéis?

Queredlas cual las hacéis

o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar,

y después, con más razón,

acusaréis la afición

de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo

que lidia vuestra arrogancia,

pues en promesa e instancia

juntáis diablo, carne y mundo.

El otro poema aludido, anteriormente, es “Primero Sueño”, que consta de 975 versos, y el que está considerado el más importante de toda su producción literaria; también es el único que creó Sor Juana Inés de la Cruz por gusto propio, es decir, sin ser inducida por las circunstancias y cuyo eje principal es el potencial intelectual humano.

Algunos versos de este extenso poema son los siguientes:

PRIMERO SUEÑO

Piramidal, funesta de la tierra

nacida sombra, al cielo encaminaba

de vanos obeliscos punta altiva,

escalar pretendiendo las estrellas;

si bien sus luces bellas

esemptas siempre, siempre rutilantes,

la tenebrosa guerra

que con negros vapores le intimaba

la vaporosa sombra fugitiva

burlaban tan distantes,

que su atezado ceño

al superior convexo aún no llegaba

del orbe de la diosa

que tres veces hermosa

con tres hermosos rostros ser ostenta;

quedando sólo dueño

del aire que empañaba

con el aliento denso que exhalaba.

Y en la quietud contenta

de impero silencioso,

sumisas sólo voces consentía

de las nocturnas aves

tan oscuras tan graves,

que aún el silencio no se interrumpía.

Con tardo vuelo, y canto, de él oído

mal, y aún peor del ánimo admitido,

la avergonzada Nictímene acecha

de las sagradas puertas los resquicios

o de las claraboyas eminentes

los huecos más propicios,

que capaz a su intento le abren la brecha,

y sacrílega 11ega a los lucientes

faroles sacros de perenne llama,

que extingue, sino inflama

en licor claro la materia crasa

consumiendo; que el árbol de Minerva

de su fruto, de prensas agravado,

congojoso sudó y rindió forzado.

IMAGENES DE LA PONENCIA EN LA SEDE DE SAN BORONDON

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