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Museo Karura Art Centre (MKAC)

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“EL BOSQUE DE FAVILAS”

de

XAVIER MAGALHAES

 


CRÓNICA DE UNA INAUGURACIÓN

Ayer, quienes estamos vinculados al mundo del arte y sus aledaños, tuvimos la ocasión de participar en uno de esos eventos y encuentros que recordaremos por mucho tiempo.

El punto de partida fue la convocatoria a la inauguración de la exposición “El Bosque de Favilas”, del artista gallego-portugués Xavier Magalhaes.

Imagen de parte de los asistentes a la inauguración.

A esta convocatoria, le siguió la materialización del evento en sí. El lugar del encuentro fue la Sala II de Exposiciones de CAIXANOVA que pocos minutos antes de las ocho de la tarde, hora oficial de la apertura, ya estaba casi abarrotada de personas.

De izquierda a derecha, la grabadora Yolanda Carbajales, la pintora Beatriz Ansede, el crítico de arte Rubén Martínez Alonso y Xavier Magalhaes.

Apenas unos minutos más tarde, era casi imposible acceder a la sala y pasearse entre ese imaginario bosque de sensibilidades y emociones que el artista había distribuido, muy acertadamente, por paredes y espacio de la estancia.

Y escribo bien, cuando escribo sobre acierto y espacio ya que, más allá de conceptualizaciones artísticas inherentes a las obras exhibidas, Xavier Magalhaes nos sorprendió a todos, amigos y extraños, con un escenificación sabiamente articulada: la recreación de un imaginario bosque cuyas, también, imaginarias copas no eran otras que más de una cuarentena de cuadros elaborados por el artista.

El público asistente paseando por "el bosque".

Pasear entre ellos tras el agradable asombro inicial provocado por el montaje de la exposición, suponía, ya no sólo la traslación a un universo ilusorio y lleno de fantasía sino, también, una integración y mimetismo absolutos con un entorno repleto de colores, pinceladas y emociones que únicamente los grandes artistas son capaces de ocasionar.

Otra imagen del desarrollo de la inauguración.

Huelga decir que el cosmos de favilas de X. Magalhaes, agrupó a un “ramillete” de personalidades, (Antón Pulido, Santiago Montes, Xan Vieito, Fernando Artal, Beatriz Ansede, Rafael Freijeiro, Juan Castro, Mingos Teixeira, José Luis Otero… pintores; Pedro Solveira, Francisco Pazos… escultores; Yolanda Carbajales, Xavier de Sousa… grabadores; Fernández Silvoso, Carlos Álvarez…galeristas; representantes de diversas instituciones culturales, políticas y artísticas), emparentadas, en línea directa, con el arte que, sin necesidad de pronunciar una sola palabra sobre el contenido de la exposición ni sobre el artista, arroparon, en esos momentos, al pintor y avalaron la transcendencia de la figura y trayectoria de Xavier Magalhaes en el panorama artístico español e internacional.

De izquierda a derecha, el galerista, Luis Fernando Silvoso, Xavier Magalhaes y Rubén Martínez Alonso, crítico de arte.

XAVIER MAGLHAES

“El bosque de favilas”

“El fuego prendió en la espesura inflamando la noche, enérgica la mano que ahora esboza, adivinándose en los trazos las favilas de aquel bosque que ardió, consumida ya la madera, las hojas, descarnada el alma de una pintura que participa aún de las brasas, de su calor, de su luz anaranjada a punto de sucumbir, cuando el rojo y vigoroso incendio dejó paso a la azul fragilidad de un viento que amenaza con derribar a los calcinados guardianes. Capricho escenográfico, atormentado páramo donde el visitante se convierte en intruso, en profanador de un universo que crepita y silba al mismo tiempo, que grita a cada paso, estrangulándose el laberinto con nuestro recorrido.

Imagen de la exposición "El Bosque de favilas" en el Museo Karura Art Centre, (MKAC).

Así, los Desheredados erizan el epicentro de la bacanal metamórfica, donde intuimos la silueta de la ménade que danza bajo los vapores dionisíacos, echando hacia atrás la cabeza, perdida, mutada, mientras cientos de ojos espían tras las rendijas, tratando de adivinar qué animales han dado origen a esos seres zoomórficos que la acompañan. La unidad descompuesta, la idea como motor que descuartiza, que muestra los diversos planos de una realidad que es embrión y cadáver, que nace y muere con la misma celeridad con la que el genio gesta su obra. La sala es ahora la mente del artista, suspendida la creación lo mismo que el tiempo, que es pasado, que es presente y futuro, la nada, el todo, enmudecidas las palabras ante la ceguera de una realidad que sobreviene al cerrar los ojos, en la soledad de un estudio desde el que casi se toca el cielo, añorando el agua de ese mar lejano cuando el sol abrasa, convertido entonces en una de esas favilas que sobre la tierra yerma equilibra y defiende el fruto que alimentará de nuevo la hoguera.”(Rubén Martínez Alonso, Licenciado en Historia del Arte (USC), y Doctorado en Humanidades (UDC) ).

XAVIER MAGALHAES O LA PLENITUD DE CONTRASTES

Desde lo alto de su estudio, en la cima de lo que los vigueses llamamos Casablanca, a Magalhaes le gusta la contemplación de la ciudad y detenerse ante esa serie de piedras y ladrillos que, partiendo de la mar, trepan monte arriba, embelleciéndolo o asesinándolo, mostrando ora virtud, ora pecado.

Esa virtud y ese pecado, en extraña y hermosa unidad, los hallaría en mucho de los seres que habitan en la tabla, en el papel o en la tela sobre las que puso los pinceles Magahlaes, un inquisitorial confesor de los de antaño, con muchos trienios en el ego te absolvo. Virtud y pecado, quietud y desenfreno, que tienen su correspondencia en los colores, suaves y tenues, los unos, hijos de la contemplación y la calma, fuertes y desgarradores, los otros, de los que parece desprenderse un grito de dolor y de gusto a la par, o conducirnos a la duda, como la del clavo –de ouro, de ferro ou de amor– de la Negra sombra rosaliana.

Fotografía de la exposición del pintor Xavier Magalhaes en el MKAC.

Como veis, hay en la geometría de los cuerpos paridos por el artista, la misma lumbre y frío de los muslos de la casada infiel lorquiana, la carne fogosa y ardiente que cabe imaginar en Lamia, Laida y Flora, las damas de vida non santa cervantinas emparentadas con el obispo Guevara, o esa otra carne pasiva y no labrada, merecedora de un stop por tatuaje, de monja de clausura puesta vergonzosamente al desnudo por Satán en un santiamén.

Pero el mundo pictórico de Magahlaes, sangre gallega y portuguesa mezclada, es mucho más amplio, que el de Evas y Adanes, en días todavía sin modistas y sin sastres. También nos topamos con ese niño que jamás desapareció en él, y que tanto gustaba a Laxeiro, su maestro en el arte de pintar y, dicen, que también en el de “la alegría de vivir”. Con ese niño que se manifiesta en una manera desbordante de reír, casi explosiva y volcánica, y que como lector que fue y es de cuentos infantiles, convierte en imagen plena de colorido, llena de frescura, y propicia a la brincadeira que diría su madres, lo que antaño fue exclusiva palabra encerrada en el vientre tipográfico de un libro.

En Magahlaes que vive, disfruta y padece a la vez los ruidos de la ciudad que ha hecho suya, representan algo más que vagos recuerdos los días tudenses con sabor y olor miñotos, esos otros en tierras del Umia, en las monacales de Oia, abiertas a la inmensidad del océano, o los de la recóndita Pontis Veteris, boa vila que da de beber a quen pasa, que lo vio nacer. Todas esas vivencias -las de sus diferentes patrias, tal como las entendió Rike- no se reducen a unas paredes, las de la intimidad del artista, sino que salen por puertas y ventanas y se perciben en la inmensa pluralidad, varia y variopinta, de su obra.

Xosé Francisco Armesto Faginas.

(Numerario fundador del Instituto de Estudios Vigueses).

XAVIER MAGAHLAES. REFLEXIONES

“El Bosque de Favilas”

Para mi pintar es jugar, con los colores, con el único objetivo de obtener alegría y de reflejar a través de un concepto, de una síntesis, el movimiento, el color y los sentidos con humildad.

La anécdota esta siempre presente, reflejada en la obra como maniquíes en el escaparate de la vida, donde las emociones son la atmósfera que intenta animarlos, a veces con una primera lectura engañosa, que poco a poco va dejando caer velos, para mostrar la inocencia con que fueron concebidos.

Fotografía de "El Bosque de Favilas", en la Sala Courbet.

Los niños no tienen miedo de los colores puros, ni de los equilibrios, ni de las perspectivas, ni de los protagonistas. La naturaleza nos da constantemente ese ejemplo exhibiendo cuadros imposibles con colores transgresores sin que por eso, los niños o la naturaleza nos sorprendan con su belleza e inocencia.

Expongo este invierno, en el MUSEO KARURA ART CENTRE, (MKAC), en un banquete de color esperando, que puedan ser ventanas abiertas a mi interior como una invitación a asomarnos a la alegría de vivir.

Xavier Magalhaes.

“Bosque de Favilas”

Sala II Centro Social CAIXANOVA

C/ Velázquez Moreno, 13

Vigo – Pontevedra, (ESPAÑA)

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