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Museo Karura Art Centre (MKAC)

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“60º ANIVERSARIO DE LA DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS”


Título: Presentación Conferencia “60º Aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos”

Conferenciante: Directora del Museo.

Fecha: 10 de diciembre de 2008

Hora: 23,30 h.

Lugar: Salón Alegret, (MUSEO KARURA ART CENTRE)

“10 de diciembre de 1948.

 

Logotipo de Naciones Unidas.


Esta fue la fecha elegida por las Asamblea General de Naciones Unidas para realizar su Declaración de Derechos Humanos después de que los Estados miembros se comprometieran a defender y a hacer efectivo el respeto universal, las libertades y los derechos fundamentales del hombre, es decir, de todos nosotros.

Con esta iniciativa, un día como hoy de hace seis décadas, Naciones Unidas aunaba el compromiso de todos sus Estados a considerar esos derechos como de plena importancia para la individualidad de cada ser humano, en particular, y para una óptima convivencia social, en general, con la dedicación y esfuerzo realizados, durante siglos, por diversas sociedades, pueblos y personas en pro de la dignidad humana y de una convivencia asentada en la libertad y en el mutuo respeto.

Tras esta Declaración no faltaron quienes, por motivos personales o colectivos, alzaron sus voces para minimizar la importancia de esta decisión e incluso poner trabas a este paso dado por Naciones Unidas. Como lo obvio nunca puede ser cuestionable o al menos es complicado de disputar, basaron sus críticas en el simple hecho de que en dicha Declaración no se mencionaban, junto a los derechos de los ciudadanos, sus deberes con la sociedad.

La presidenta de la comisión preparatoria del texto de la Declaración, Eleanor Roosevelt, no se anduvo con ambigüedades a la hora de acallar esas voces y declarar, tajantemente, que de lo que se trataba era de la redacción de una declaración de los derechos del ser humano y no de sus obligaciones.

Pienso, y esto ya es una opinión personal, que cada uno de nosotros debemos ser igual de tajantes que Eleanor Roosevelt, a la hora de frenar a todos aquellos que tratan, de diversas maneras y con las más surrealistas triquiñuelas, de frenar la consecución de los Derechos Humanos y, en definitiva, de la posibilidad de alcanzar una sociedad mejor.

Soy consciente de que aún queda mucho camino que recorrer para que un día esta Declaración quede obsoleta y sea como papel mojado porque sus 30 objetivos ya se hayan conseguido; pero también se que, gracias al empeño de muchos, hoy estamos muchos más cerca de alcanzarlos que hace sesenta años y un día.

La Dirección del MKAC ha considerado oportuno, desde este ínfimo rincón virtual, sumarse a esta conmemoración desde el espacio que le corresponde, el del arte y la cultura, organizando una serie de actividades que contribuyan a recordarnos que la Declaración de Derechos Humanos aún está vigente a fecha de hoy: 10 de diciembre de 2008.”

Título: “60º Aniversario de la Declaración de los derechos humanos”

Conferenciante: Alba Drevnerussky

Fecha: 10 de diciembre de 2008

Hora: 23,30 h.

Lugar: Salón Alegret, (MUSEO KARURA ART CENTRE)


“Buenas noches a todos, en esta exposición sobre Arte y Derechos Humanos, voy a presentar una comparativa entre las realidades patentes y latentes que subyacen en el Arte, en concreto en la pintura, y en la propia Declaración Universal de 1948.

Comenzaré con un brevísimo recorrido sobre los momentos históricos que dieron lugar a la actual Declaración de la ONU. A continuación, seguiré con el cambio en la concepción del Arte clásico al Arte actual.

Observaremos cómo tanto la denuncia del artista mediante la Pintura como la Declaración universal no son vinculantes, no obligan a nada, pero se verá también cómo la Forma enriquece los contenidos hasta convertirlos en momentos privilegiados de denuncia en el colectivo humano.

Toda la información de esta exposición se halla en Internet. Lo que pretendo comunicar ya ha sido escrito y presentado con anterioridad. Tan solo copio y uno ideas y textos con el objeto de presentar lo que deseo relacionar.

En el transcurso de la historia, los conflictos, ya sean guerras ya sean levantamientos populares, han surgido, por regla general, como reacción frente al tratamiento inhumano y a la injusticia. La Declaración inglesa de los Derechos de 1689, redactada tras las guerras civiles que tuvieron lugar en el país, supuso la plasmación de la aspiración del pueblo a una democracia.

Exactamente un siglo más tarde, la Revolución francesa dio lugar a la Declaración de los Derechos del hombre y del ciudadano que proclamaba la igualdad universal. Pero fue el Cilindro de Ciro, redactado en el 539 AC por Ciro el Grande, del imperio de Persia, tras la conquista de Babilonia, al que se considera primer documento de los derechos del hombre. El Pacto de los Virtuosos, entre tribus árabes, hacia el 590 AC, fue una de las primeras alianzas por los derechos del hombre.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la necesidad de un organismo internacional que promoviera relaciones internacionales más justas y menos conflictivas era patente. El resultado fue la creación de la Organización de las Naciones Unidas (heredera de la antigua Sociedad de Naciones, fundada en 1919, al final de la Primera Guerra Mundial). Con la firma de la Carta de las Naciones Unidas por parte de 51 estados en San Francisco en 1945, la nueva organización inició su singladura.

En la medida que uno de los objetivos fundacionales de las Naciones Unidas era fomentar el respeto de los derechos humanos, en 1946 se creó  la Comisión de Derechos Humanos (dentro del Consejo Económico y Social).

El primer trabajo de la Comisión fue el encargo de un proyecto de Declaración sobre Derechos Humanos, a un equipo formada por ocho personas, presidido por Eleanor Roosevelt (Estados Unidos) y con René Cassin (Francia) como vicepresidente.

Además de los contenidos, uno de los grandes motivos de debate fue que incluyera o no instrumentos que obligaran a su cumplimiento, un debate que finalmente perdieron los partidarios de que tuviera un carácter vinculante a través de una Convención que contemplara medidas para la aplicación real de los principios proclamados en la Declaración (el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales no se firmaron hasta 1966, y no entraron en vigor hasta 1976).

En las largas negociaciones hacia el texto final, los representantes de los países capitalistas insistían en la importancia de los derechos y libertades individuales, mientras que las delegaciones de los países comunistas incidían sobre los derechos de tipo social y económico.

Tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, el enfrentamiento ideológico entre capitalismo y comunismo (conocido como la Guerra Fría) estaba en una fase creciente y dificultaba el consenso.

Cartel de Naciones Unidas, conmemorativo del 60º Aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos".

Otros focos de oposición fueron las posturas de Sudáfrica, en la medida que su sistema de segregación racial era incompatible con distintos artículos de la Declaración, y la de Arabia Saudita, que argumentaba que la Declaración se basaba en modelos culturales occidentales, en ocasiones de difícil conjugación con la Ley Islámica.

Tras dos años de propuestas y modificaciones, el 10 de diciembre de 1948 se presentó el texto definitivo para su aprobación a la Asamblea General de las Naciones Unidas. La Unión Soviética y algunos países de su área de influencia (más Arabia Saudita y Sudáfrica) se abstuvieron durante la votación, y el texto fue aprobado por gran mayoría (48 votos a favor, 8 abstenciones y ningún voto en contra).

Si pasamos ahora al estudio del arte, comprobamos que la idea central de la estética clásica apelaba tanto a la sensibilidad como a la racionalidad del hombre, el Principio de Placer y el Principio de Realidad: la obra de arte invoca a los sentidos, se orienta a la satisfacción de las necesidades sensuales pero de manera altamente sublimada.

El Arte posee una función reconciliadora, apaciguadora y cognitiva: la de ser bella y verdadera.  La belleza llevará a la verdad: se supone que en la belleza aparecerá una verdad que no había aparecido ni podía aparecer de ninguna otra forma.

La armonización de lo bello y de lo verdadero. Eso que se creía plasmación de la unidad esencial de la obra de arte se tornó una identidad de los opuestos cada vez más imposible porque la verdad se ha revelado como algo cada vez más incompatible con la belleza. La vida, la condición humana han militado cada vez más en contra de la sublimación de la realidad bajo la Forma del Arte.

Esta sublimación requiere una organización de los materiales para conformar la unidad y la persistente estabilidad de la obra, y es esta organización la que parecería “sucumbir” a la idea de la Belleza.

Es como si esta idea se impusiera sobre los materiales mediante la energía creativa del artista (aunque de ninguna manera como intención consciente de éste). El resultado es más evidente en aquellas obras que son una acusación intransigente, “directa”, a la realidad.

Veamos un ejemplo concreto:  el 2 de julio de 1816, la fragata francesa Medusa naufragó al chocar con un banco de arena a 40 leguas de la costa de Senegal. La nave llevaba militares y clérigos a las posesiones coloniales en África y era comandada por un noble incompetente, que obtuvo el puesto por influencias políticas.

Tras el naufragio, él y los oficiales usaron las barcas salvavidas dejando a su suerte a la tripulación: 149 hombres y una mujer que lograron armar una balsa de 20 metros por 7. Podía haber sido remolcada, pero la oficialidad nada hizo por seres a los que consideraba inferiores.

Durante trece desesperados días, el hambre y la sed enloqueció a los náufragos y se dieron casos de canibalismo. Cuando fueron rescatados, sólo quince habían sobrevivido. De ellos, cinco fallecieron poco después. Este drama escandalizó a Francia y el proceso posterior a los oficiales inspiró dos grandes obras: “La Salamandra”, de Eugenio Sue, y “La balsa de la Medusa”, de Géricault.

Visto como un manifiesto del arte romántico y un “Yo Acuso” que lo llevó al terreno de la protesta política, el cuadro de Géricault recrea el momento en que los supervivientes avistan la nave salvadora y traza un camino nunca transitado: el del lienzo como denuncia.

Géricault, que se hizo relatar la tragedia por cada uno de ellos, viajó a la costa normanda para estudiar las mareas; en los hospitales y en la morgue hizo minuciosos bocetos de moribundos y de miembros cercenados.  El hacha ensangrentada que se ve a un costado del cuadro alude al canibalismo que hizo de la balsa un infierno. Y la presencia de un náufrago negro se entendió como un alegato contra la esclavitud.

A pesar del impacto que produjo, Géricault era consciente de los límites de su obra: “Ni la poesía ni la pintura podrán hacer justicia al horror y la angustia de esos hombres”, escribió.

El artista condena, pero su veredicto anestesia el terror. Así, la brutalidad, la estupidez, el horror de la guerra están siempre presentes en la obra de Goya, aunque como “cuadros”; se los captura en la dinámica de la transfiguración estética, pueden ser admirados a la par de los retratos gloriosos del rey que impera sobre el horror. La Forma contradice el contenido y triunfa sobre el contenido al precio de anestesiarlo.

Lo que aquí se halla en juego es la visión, la experiencia de una realidad que es tan fundamentalmente diferente, tan antagónica con la realidad dominante, que cualquier transmisión a través de los medios convencionales parece reducir la diferencia o viciar la experiencia. Tal incompatibilidad con el propio canal de comunicación se extiende también a las formas del arte mismas, al Arte como Forma. En la actual situación artística de rebelión y rechazo, el Arte mismo aparece como componente esencial de la tradición que perpetúa lo que es, evitando así la concreción de lo que puede y debe ser.

El Arte logra esto último precisamente porque, y en la medida en que, es Forma, pues la Forma artística detiene lo que se halla en movimiento, establece su límite y su marco y lo ubica en el universo dominante de experiencias y aspiraciones; otorgándole un valor en dicho universo, lo vuelve un objeto entre otros. Esto significa que la obra de arte, tanto como el anti-arte, se vuelve valor de cambio, mercancía: y la Forma Mercancía, como forma de la realidad, es precisamente el blanco de las críticas actuales.

Es cierto que la comercialización del Arte no es nueva ni se remonta siquiera a una fecha reciente. Es tan vieja como la sociedad burguesa. El proceso gana impulso con la reproducibilidad casi ilimitada de la obra de arte gracias a la cual la obra se vuelve plausible de imitación y repetición incluso en sus plasmaciones más refinadas y sublimes.

Walter Benjamin mostró que existe algo que milita contra toda reproducción, a saber, el “aura” de la obra, la situación histórica única en la que se crea la obra de arte, dentro de la cual ella habla y en la que se define su función y significado.

Tan pronto como la obra abandona su propio momento histórico, irrepetible e irredimible, su verdad original se falsea o se modifica: adquiere un significado distinto que reacciona (afirmativa o negativamente) frente a esa situación histórica diferente.

Tributaria de nuevos instrumentos y técnicas, de nuevas formas de percepción y de pensamiento, la obra original puede ser con el tiempo interpretada, instrumentada, y, en consecuencia, se torna más rica, más compleja, refinada, más plena de significado, aunque persista el hecho de que ella ya no es lo que había sido para el artista, su ámbito y su público.

Algo parecido sucede con la Declaración Universal. Esta es una relación de intenciones, pero desprovista de fuerza jurídica. Sin embargo, La Declaración Universal es el primer documento de la historia de la humanidad, aprobado por la comunidad internacional, que considera a todos los seres humanos libres, iguales y con los mismos derechos, sea cual sea su nacionalidad, raza, condición social, sexo, religión…

Este hecho, sin precedentes, es de una trascendencia inmensa. Que no tenga carácter jurídicamente vinculante no quiere decir que su incumplimiento no importe ni afecte a la comunidad internacional. Su peso moral dentro de la comunidad internacional no ha dejado de crecer con el paso del tiempo.

Además, dentro del mismo país los ciudadanos también pueden esgrimir los principios de la Declaración Universal contra sus propios Gobiernos, cuando estos no los respetan. En cualquier caso, la Declaración Universal es una exhortación a la posterior elevación de sus contenidos al ámbito jurídico (nacional o internacional), convirtiéndolos entonces en vinculantes.

Concluiré dando las gracias a Marcuse, a Internet y con palabras de Ortega y Gasset: la verdad es siempre verdad, lo que es relativo es la realidad.

Muchas gracias por vuestra atención.”

Texto:

http://www2.amnistiacatalunya.org/edu/es/historia/dh-sirve.html

http://fs-morente.filos.ucm.es/publicaciones/nexo/n3/JLLopez.pdf

http://www.ucm.es/BUCM/revistas/fsl/00348244/articulos/RESF0505220007A.PDF

http://www.un.org/french/aboutun/dudh/history.htm )

http://portal.unesco.org/es/ev.php-URL_ID=43569&URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html

http://www.clarin.com/diario/2004/01/24/s-04301.htm

http://unesdoc.unesco.org/images/0016/001621/162189m.pdf

http://www.cuentayrazon.org/revista/pdf/140/Num140_015.pdf

http://www2.amnistiacatalunya.org/edu/3/dudh/index.html

http://www.listindiario.com/app/article.aspx?id=81966

http://www.marcuse.org/herbert/pubs/70spubs/727tr04ArteRealidad.htm

http://www.unhchr.ch/spanish/html/menu3/b/a_ccpr_sp.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Cilindro_de_Ciro

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